Queridos Participantes del Vía Crucis Extremo
Me alegra profundamente la iniciativa del Vía Crucis Extremo y la creciente popularidad que adquiere cada año.
Me alegra porque estoy convencido de que sin Vía z Crucis Externo, muchas personas jamás habrían oído hablar del Vía Crucis, quizá nunca lo habrían vivido ni se habrían atrevido a enfrentarse a él.
Además, me alegra porque el Vía Crucis Extremo nos recuerda que —en lo más profundo— todo Vía Crucis es extremo. Nos centra en el amor extremo: “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos” (Jn 15,13).
En el acontecimiento de la Cruz se trata del amor —no del dolor, del sufrimiento, de las heridas o de la crueldad de la muerte— sino del amor que se esconde detrás de todo ello: el amor por los amigos, y aún más, el amor que hace amigos.
Así también en el Vía Crucis Extremo: no se trata de la longitud de la ruta ni de su dificultad, sino del amor que nos permite afrontarlo todo. Y aunque para algunos no sea ese el primer motivo, espero que durante el Camino, también gracias a las meditaciones, se convierta en su mayor descubrimiento.
A todos los que emprenden el Vía Crucis Extremo les doy mi cordial bendición. Deseo que en ella encuentren al Amigo que estuvo dispuesto a dar su vida por ellos. Y deseo también que interiormente quieran crecer en esta amistad, para poder invitar a otros a ella con credibilidad.